Fernando Valdés: Editor internacional

* Es un gran compromiso con la sociedad mexicana.
** Revalorar el papel del libro en la vida cotidiana.
*** El peor mal de cualquier país es la incultura.

Por Juan Pablo García Vallejo

Ecatepec de Morelos de los Más Pobres, Méx.. Nov. 3.- Fue la semana pasada, en el legendario Club de Periodistas de México en Filomeno Mata a donde acudieron los amigos, los autores y los empleados de la editorial mexicana Plaza y Valdés para acompañar a Don Fernando Valdés y su familia en el festejo del vigésimo aniversario de esta empresa editorial.

Dice el dicho que los gigantes comenzaron desde pequeños. Así sucede también en la industria editorial, uno de los patrimonios culturales más importante de Méxic, pues mientras que el capitalismo especulativo nos engaña a diario haciéndonos creer que México se va al carajo, los editores con su loable amor al libro, la lectura, la creación literaria, el apoyo a la difusión de la ciencia, etc. nos dicen que tardará mucho en derrumbarse este cuerno de la abundancia.

Fernando Valdés ha hecho muchas cosas a favor de la cultura mexicana en estas dos décadas. Comenzó la incursión en esta industria cultural como representante de la editorial española Seix Barral, nos explica Emma Elizabeth Paniagua del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE). A todo el mundo se les olvida que esta casa editorial tuvo la fortuna de introducir a los escritores latinoamericanos en el continente europeo en los años 1960, con el famoso Boom latinoamericano, gracias a la recomendación hecha por Elena Garro al señor Barral.

Posteriormente, Don Fernando pasa a la editorial Plaza y Janés. “Tenía sus delirios-dice la editora universitaria- no se ha conformado con pequeños cosas. Así fue que en el año 1988, casi a fines de la depauperada Década Pérdida, crea su propia editorial, Plaza y Valdés, que actualmente tiene una participación a nivel mundial en la escena editorial. Esto lo da a conocer durante la tradicional Feria del Libro del Palacio de Minería.

Como editor, Fernando Valdés no solo busca talentos y una buena distribución de sus productos culturales, sino que se las ha ingeniado muchas veces para hacer campañas a favor del fomento a la lectura.

Esta ha sido una verdadera Guerra cultural contra todos los que dicen que México como país es un completo fracaso nacional en dislexia, es decir, que tiene muchas dificultades para cultivar la lectura y del aprecio a los libros. Los obstáculos para la lectura tienen sus razones históricas y culturales, antes nada más leían los sacerdotes y en latín, algo que hacia distanciarse a los fieles de los libros religiosos. O cuando a los poetas cuando sus propios padres los consideraban unos buenos para nada.

Por eso la escritura y la lectura lejos de representar un avance civilizatorio, absurdamente en México se consideran cosas inútiles. Este es un prejuicio bastante pesado que no nos deja progresar ni tener mejores horizontes en el futuro. Pero el mexicano ha aprendido a leer de muchas formas, tanto el Libro de la vida como la geografía, historia, ecología y culturas de este país, como decía mi amigo José Alcocer: ! Qué hablen las piedras!

Entre el repertorio de lucha de Fernando Valdés en apoyo al libro para el bien de este país organizó el lanzamiento de convocatorias para concursos literarios sea para escritores maduros, ya con experiencia y fama publica, o concursos de jóvenes, a inicios de la década de los años 1990. O la campaña “Di sí a la lectura y viaja con la cultura”, con un libro quincenal de los cuentistas más conocidos, llegando a editar 300 mil ejemplares. Un océano de libros. Y los cuentos dirigidos especialmente a los niños.

Ya en 1993, participa en la convocatoria para la elaboración de los libros de texto para la educación primaria. Pero pasa algo que la SEP se desdice de esta convocatoria.

Y en 1994, ante el advenimiento invisible pero seguro de la Guey Generation, que tiene como 10 palabras para hablar de su existencia, del mundo y por el apego a lo extranjerizante, Fernando Valdés emprende una campaña ahora por la defensa de la lengua náhuatl.

A este promotor cultural también le interesa que los nuevos editores tengan reconocimiento oficial de su labor, impulsa la carrera profesional de editor. El editor no solo busca talentos, autores consagrados, nuevos temas sino derechos de autor, traducciones, convenios etc.

En 1995, lanza la campaña “Paga lo que puedas”, quizás para evitar el destino triste de los libros que no se vendieron en su periodo de promoción: la trituración o destrucción.

Y es partir del año de 1996, que Plaza y Valdés se convierte en una casa editorial internacional pues participa en el Congreso LASA en EU, en Foros Latinoamericanos, el Foro Social Mundial en Porto Alegre, el Congreso de la Tierra, Sustentabilidad y Desarrollo en Johannesburgo y en las diversas ferias regionales alrededor del planeta. En estos espacios ha exhibido su fondo editorial y concertado contratos para publicar libros de interés sobre los graves problemas sociales que vivimos desde la exclusión social, el ecocidio creciente, las nuevas formas de dominación y explotación, etc.

Para el año 2003, Don Fernando asiste a la Cámara de Diputados a defender el acceso público a los libros. Y difícilmente los legisladores iban a entender sus razones e inquietudes porque los políticos mexicanos no leen nada, sin importar el color y religión laica que sea.

Todos estos esfuerzos se vieron interrumpidos por el acoso moral para acusarlo de piratería cuando en realidad esos libros ya estaban más que rebasados en su contrato. La injusticia cometida contra él fue denunciada por muchos escritores, profesores universitarios, periodistas culturales en muchos periódicos nacionales y regionales.

De esta lamentable experiencia, Fernando Valdés saco lo más positivo y se compromete a crear un taller de impresión para los internos del Reclusorio Norte de la Ciudad de México. Y el sociólogo de la ENEP Acatlán, Alejandro Payan, escribe un libro sobre las condiciones infrahumanas que hay en las prisiones.

De las campañas para festejar este vigésimo aniversario me informó Gina, que en ese entonces era la encargada de prensa de la editorial y de cómo en la compra de algún libro, la editorial les regalaría a los lectores un disco de música clásica durante todo el año.

Durante el festejo en el Club de Periodista, Don Fernando Valdés anunció la creación de la Fundación Acción Académica / Fernando Valdés (FAAFV) que “pretende garantizar la divulgación del conocimiento académico, dará conocer y hacer asequible el conocimiento académico a los grandes públicos y favorecer en beneficio de la comunidad, sugiriendo gobiernos que utilicen sus trabajos de investigación. Es una organización privada, sin animo de lucro que gestiona fondos y programas para llevar a cabo actividades preventivas y de investigación académicas, educativas y sociales. Las actividades de la fundación las desempeñarán su propio personal de trabajo en relación con otra entidades de estudios superiores y gubernamentales”.

Ser editor no es sencillo en una sociedad que desprecia los bienes culturales, que prefiere la tontería televisiva, la solución de sus problemas nacionales con la medicina del fútbol y se empeña neciamente en parecerse a la decadente sociedad norteamericana. Y en esta gran labor cultural, Fernando Valdés tiene un lugar importante por poner al alcance de todas sus obras editoriales, porque una sociedad que no lee está condenada a ser vilipendida, expoliada, agandallada las veces que quiera sus nuevos dictadores globalizados.

Una lucha constante contra la incultura.

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