La Cruzada Violeta 360 anunciada por Azucena
Cisneros pone sobre la mesa una verdad incómoda: la violencia familiar no es un
conflicto doméstico, es delito; por eso Ecatepec busca llevar prevención,
orientación y acompañamiento hasta colonias, hogares, escuelas y espacios
públicos.
Cuando la puerta se cierra, el municipio no
puede mirar hacia otro lado. Hay temas que una ciudad no puede seguir tratando
como si ocurrieran lejos.
La violencia familiar no sucede en abstracto.
No aparece únicamente en expedientes, llamadas, denuncias o cifras mensuales.
Vive en casas concretas, en calles conocidas, en colonias donde la rutina
parece normal desde afuera, mientras adentro alguien aprende a callar para
sobrevivir.
Por eso la Cruzada Violeta 360, puesta
en marcha por la alcaldesa Azucena Cisneros Coss, merece leerse más allá
del anuncio institucional. La estrategia busca enfrentar la violencia familiar
mediante prevención, orientación y acompañamiento en colonias, hogares,
escuelas y espacios públicos de Ecatepec.
La clave está en el enfoque: no esperar a que
la víctima llegue sola, venciendo miedo, culpa, amenazas o dependencia
económica. La propuesta municipal apunta en otra dirección: salir al
territorio, tocar puertas, colocar información visible, activar redes
comunitarias y acercar rutas de apoyo.
En violencia familiar, llegar tarde puede
costar una vida.
La cifra
que obliga a actuar
Durante su conferencia semanal, Azucena
Cisneros reveló un dato que no admite lectura ligera: en mayo, el gobierno
municipal registró 532 llamadas por violencia familiar, equivalentes al 74.2%
de los reportes a números locales de emergencia. Ese porcentaje retrata una
urgencia pública.
No se trata de casos aislados ni de pleitos
privados. Habla de una violencia extendida, persistente, muchas veces escondida
detrás de frases peligrosas: “así es mi pareja”, “solo se enoja”, “no pasa de
gritos”, “lo hace porque me quiere”, “mejor no digo nada”.
La alcaldesa nombró el problema sin rodeos: la
violencia familiar no es un asunto privado, es delito. También advirtió que
suele comenzar con conductas normalizadas como revisar el teléfono, prohibir
salidas, controlar dinero, aislar, humillar, amenazar o decidir por una mujer;
después pueden llegar agresiones mayores, golpes, riesgo de vida e incluso feminicidio.
Ese señalamiento es central. Antes del golpe
suele existir control. Antes del feminicidio pudo haber amenazas. Antes de la
denuncia quizá hubo años de miedo.
El problema empieza muchas veces cuando la
sociedad todavía no quiere llamarlo violencia.
La casa
también debe ser territorio de prevención
Una política pública seria contra la violencia
familiar necesita reconocer dónde ocurre el daño.
Azucena Cisneros lo dijo con claridad: muchas
agresiones suceden detrás de una puerta cerrada, en la sala, la cocina o una
habitación, incluso frente a hijas e hijos. La Cruzada Violeta 360 busca llevar
prevención, orientación y acompañamiento hacia esos espacios donde suele
esconderse el miedo.
Ahí está el valor político y social del
programa. No basta con publicar carteles. Tampoco alcanza una campaña digital
si no aterriza en barrio, mercado, escuela, oficina, patrulla, comité vecinal y
calle.
La violencia familiar rompe comunidad desde
adentro. Afecta infancia, salud emocional, economía doméstica, convivencia
vecinal y seguridad pública. Cuando una mujer vive amenazada, la ciudad entera
falla si nadie abre una ruta de salida.
Tres
acciones para sacar la ayuda a la calle
La Cruzada Violeta 360 plantea tres líneas
concretas.
Primera: visitas domiciliarias para
tocar puertas, informar y orientar a familias.
Segunda: presencia informativa en comercios,
mercados, escuelas, oficinas y espacios públicos.
Tercera: activación de redes comunitarias,
entre ellas comités vecinales, alarmas, policías de cuadrante y la aplicación Red
Violeta, equipada con botón de emergencia.
La lógica es correcta: una mujer en riesgo
necesita algo más que una frase de ánimo. Requiere información entendible,
acompañamiento cercano, respuesta institucional y comunidad alerta.
El desafío será operativo.Tocar puertas exige
personal capacitado. Orientar familias demanda sensibilidad. Detectar señales
requiere protocolos. Canalizar denuncias necesita coordinación real con
Fiscalía, Centro de Justicia para las Mujeres, policía, IMMIG y redes
vecinales.
La cruzada será tan fuerte como su capacidad
para acompañar cada caso sin revictimizar, sin minimizar y sin abandonar a la
víctima después del primer contacto.
Denunciar
no puede ser un salto al vacío
Uno de los mayores obstáculos frente a la
violencia familiar es la denuncia. No por falta de valor, sino por miedo.
Miedo al agresor, a no ser creída, a perder
apoyo económico, a exponer a hijas e hijos. Miedo al trámite, al Ministerio
Público, a la presión familiar, al “mejor aguanta”.
Por eso resulta relevante que el gobierno
municipal anuncie atención psicológica, asesoría jurídica y acompañamiento
gratuito para mujeres víctimas de violencia.
Azucena Cisneros también mandó un mensaje a
las mujeres ecatepenses que resume el espíritu de la campaña. Les dijo que “denunciar
es un acto de valentía, de dignidad y de amor propio, Denuncia, no estás sola,
este gobierno te va a acompañar.”
Ese mensaje debe multiplicarse, pero también
cumplirse, porque si una mujer decide denunciar, la institución no puede
fallarle. Acompañar significa permanecer, explicar, proteger, orientar, dar
seguimiento y no convertir la ayuda en laberinto.
La Fiscalía
también tiene tarea
La alcaldesa pidió a la Fiscalía de
Justicia del Estado de México sumarse a la Cruzada Violeta 360, al prever
incremento en denuncias penales por violencia familiar, casos que deberán
atenderse en el Centro de Justicia para las Mujeres de Ecatepec.
El punto es delicado. Si la campaña funciona,
más mujeres pedirán ayuda. Si más mujeres denuncian, el sistema de justicia
recibirá mayor carga. Si esa carga no se atiende bien, la confianza puede
romperse.
Por su parte, Claudia Castello Rebollar,
directora del Instituto Municipal de las Mujeres e Igualdad de Género,
señaló que el Centro de Justicia para las Mujeres de Ecatepec atiende a 10
municipios de la región, situación que lo vuelve insuficiente; por ello planteó
la necesidad de crear otro centro dedicado solo a denuncias de habitantes
ecatepenses.
Esa petición no debe verse como trámite
burocrático. Si Ecatepec enfrenta un volumen alto de violencia familiar,
necesita capacidad institucional proporcional al problema.
Más denuncia sin más atención puede generar
frustración. Más prevención sin justicia puede dejar impunidad. Más
acompañamiento sin protección puede poner en riesgo a víctimas. La cruzada
requiere coordinación completa.
La
comunidad como primera red de alerta
La violencia familiar se sostiene cuando nadie
interviene, o cuando una vecina escucha gritos y duda, una maestra nota cambios
en una alumna y no sabe a quién llamar, un comerciante ve golpes, pero teme
meterse y un comité vecinal identifica patrones, aunque carece de ruta.
Por eso resulta importante el componente
comunitario: comités, alarmas, policías de cuadrante, Red Violeta e información
en espacios públicos.
La comunidad no sustituye a la autoridad ni
debe enfrentar sola a agresores; su papel es detectar, orientar, activar
alertas, acompañar sin juzgar y abrir canales confiables.
La violencia familiar necesita menos
indiferencia social y más rutas seguras.
Una cruzada
necesaria, pero medible
La Cruzada Violeta 360 llega en un momento
donde Ecatepec necesita hablar sin rodeos sobre violencia familiar.
El anuncio tiene fuerza por tres razones.
Primero, reconoce el problema como delito, no
como conflicto privado.
Segundo, propone presencia territorial, no
solo comunicación institucional.
Tercero, ofrece acompañamiento psicológico y
jurídico para denunciar.
Sin embargo, una campaña de esta naturaleza
debe medirse por resultados, no solo por intención. Hará falta conocer cuántas
puertas se tocarán, cuántas mujeres recibirán apoyo, cuántas denuncias serán
acompañadas, cuántos casos tendrán seguimiento, cuántas redes comunitarias
funcionarán y cómo se protegerá a víctimas en riesgo.
La violencia familiar no se combate únicamente
con discursos. Tampoco con carteles aislados ni publicaciones virales. Se
enfrenta con presencia, sensibilidad, datos, coordinación, justicia y
seguimiento.
Ecatepec inicia una ruta necesaria. Ahora toca
sostenerla.
Romper el silencio puede salvar vidas, pero
romperlo exige algo más que decirle a una mujer “denuncia”; exige estar ahí
cuando decida hacerlo, abrir puertas sin exponerla, acompañarla sin juzgar y transformar
la colonia en una red de apoyo, no en un muro de indiferencia.
La Cruzada Violeta 360 coloca una frase al
centro del debate público: No estás sola y ahora esa promesa debe
caminar casa por casa.
¿Qué debe fortalecer más Ecatepec para
enfrentar la violencia familiar: visitas domiciliarias, apoyo psicológico,
asesoría jurídica, comités vecinales, Red Violeta o más capacidad en el Centro
de Justicia para las Mujeres?
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