Voltear la tortilla a la historia oficial

* Hay cosas surrealistas solo posibles en este país.
* * Conozca quien habita el averno histórico.
* * * La historia oficial tiene muchas deformaciones.


Por Juan Pablo García Vallejo

Diario de Ecatepec, México (Cultura).- El destacado especialista en cuestiones electorales y sociología política, José Antonio Crespo, acaba de publicar un libro sumamente controversial para muchos de sus futuros lectores: Contra la historia oficial (Editorial Debate, 2009), una obra donde le da vuelta a la tortilla de la historia oficial y sus héroes de bronce, mármol, piedra chiluca o cantera, incluso a algunos marginales del panteón cívico. Esos héroes que parece que nacieron predestinados para vivir intensamente algunos de episodios de la Historia de México, y marcarlo definitivamente, pero que son desconocidos completamente por todos los mexicanos.

Y son desconocidos porque se les enseña desde la primaria como si fueran santos, sin errores, sin debilidades, sin derrotas. Nos adiestraron a creer que las grandes derrotas son victorias dulces, que esos héroes si sabían que México se estaba construyendo hasta crear todo un repertorio de política surrealista que sólo en este país podía pasar.

Por ejemplo que la Conquista la hicieron los indígenas y la Independencia los españoles, o que la Independencia venció el ejército realista a los independentistas. Es una vuelta a la tortilla de las leyendas históricas.

Evidentemente no es el primer científico social del presente que pasa por la lupa la historia oficial con todas sus deformaciones, monstruosidades y mentiras; ya otros lo habían hecho como Bulnes, José Vasconcelos, Luis González de Alba, Héctor Aguilar Camín, etc.

“Además de tales distorsiones, la historia oficial mexicana no es ni ha sido fuente de valores democráticos, los cuales requieren, en principio, para consolidar el nuevo intento democratizador en el cual nos hallamos inmersos. Se trataría de brindar a los futuros ciudadanos, a través de la enseñanza de la historia patria, elementos de juicio que les forje un amplio criterio compatible con el ejercicio crítico de la vida democrática.”, dice el autor.

Y enseguida enumera los males de la historia oficial aprendidos por todos: la violencia como instrumento válido de cambio político y progreso; la exaltación del caudillo, sin importar como llegó al poder, y la idealización de los héroes, perdonándoles todo abuso o delito que haya cometido en la búsqueda o ejercicio del poder, o a través de su liderazgo social. Y agregaría la monopolización de la historia, ahora ya socializada.

Así aprendemos de nuevo en el legado cultural que Colón implantó la encomienda en sus descubrimientos geográficos y la venta de esclavos sin culpa cristiana alguna; la extraordinaria conquista de Cortés de la sociedad azteca por cuatrocientos soldados y cientos de miles de aliados indígenas, algo único en toda la historia universal; el lado mujeril del emperador Moctezuma, la traición de la princesa Malinche, la tibieza de Cuauhtémoc y el primer conspirador criollo, Martín Cortés.

En la segunda parte, referido a la Independencia y anarquía nacional se pasa examen crítico a los limitados conocimiento del Padre de la Patria, el cura Hidalgo, quien dividió el mando de la insurrección en militar y político con los civiles; del derrotado general Morelos por Iturbide, los trágicos finales de Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero, que no sabía ni leer ni escribir y firmaba documentos que no entendía; y las aventuras y desgracias del dictador Santa Anna.

En una tercera parte aborda el efímero y trágico episodio del Imperio de Maximiliano y el resurgimiento de la República, con el propio Max y el presidente Juárez como principales protagonistas, un liberal contra otro liberal. El segundo no cumplió la regla sufragio efectivo no reelección porque tenía tendencias tiránico totalitarias.

Y finalmente, el periodo porfirista y el mártir de la democracia, Madero y la participación directa de los Estados Unidos en la Revolución Mexicana.

Pero antes de pasar a cada hecho y héroe patrio o los personajes despreciados y desconocidos en los libros de historia, nos da una breve introducción de cómo es la historia oficial, no solo aquí, sino en el mundo entero. “La historia oficial cambia según las circunstancias y las necesidades de la clase en el poder en turno.”

Esta historia oficial o historia de bronce creada poco a poco por los distintos gobiernos e infinidad de historiadores gubernamentales que sólo nos dejaron héroes fragmentados, incompletos. Porque sus hazañas e ideales eran contradictorios, nunca lograron llevar a México a donde se quería, así el cura Hidalgo no era tan ilustrado como se cree porque hizo la insurgencia en nombre de la religión y se crea una bandera conservadora y un himno nacional censurado en un Estado laico.

Y así como se pasa a examen de transparencia la historia oficial monopolizada por el PRI, también hay que hacer otros libros donde se examine la historia blanquiazul y por supuesto la historia de la cultura de la derrota de la izquierda mexicana que tiene mucho que decir sobre el ocultamiento de los hechos y las personalidades, para nuestra desgracia hay más masacres que el del 68, que sí se olvidaron completamente y nadie dice nada, como la de 1943.

Y para nuestra salud histórica nos propone crear una historia oficial democrática y por eso es importante este libro, que a muchos no les gustará y a otros los ilustrará. (Marzo 2/2009)


Para entender la historia sin mentiras

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